Miércoles, Diciembre 13, 2017

Nacido en Lyon, Francia, el 3 de octubre de 1804, de una antigua familia que se distinguió en la magistratura y la abogacía, Allan Kardec (Hippolite Léon Denizard Rivail) no siguió esas carreras. Desde su juventud se sintió atraído por el estudio de las ciencias y la filosofía.

Educado en la Escuela de Pestalozzi, en Yverdun (Suiza), llegó a ser uno de los más eminentes discípulos del célebre maestro y entusiasta propagandista de su sistema de educación, que tanta influencia ejerció sobre la reforma de la enseñanza en Francia y Alemania.

Concluidos sus estudios regresó a Francia. Profundo conocedor de la lengua alemana, tradujo a ese idioma varias obras sobre educación y moral, entre las que figuraban las de Fenelon, que lo habían cautivado.

Entre 1835 y 1840 creó en su casa, en la calle de Sèvres, cursos gratuitos de Química, Física, Anatomía comparada, Astronomía, entre otros. Preocupado siempre con hacer atrayentes e interesantes los sistemas educativos, elaboró simultáneamente un método ingenioso para enseñar a contar y un cuadro mnemónico de la Historia de Francia, que tenía como objetivo fijar en la memoria las fechas de los acontecimientos de mayor relevancia y los descubrimientos que confirieron brillo a cada reinado.

 

Antes de que el Espiritismo popularizara su seudónimo, Allan Kardec, él ya era ilustre por sus diversas obras de educación.

Durante el año 1855, siendo foco de la atención general el asunto relativo a las manifestaciones de los Espíritus, Allan Kardec se dedicó a perseverantes observaciones sobre ese fenómeno, principalmente interesado en desentrañar sus consecuencias filosóficas.

De inmediato vislumbró el principio de nuevas leyes naturales: aquellas que rigen las relaciones entre el mundo visible y el mundo espiritual. Reconoció en la acción de este último una de las fuerzas de la Naturaleza, cuyo conocimiento habría de arrojar luz sobre una gran cantidad de problemas hasta entonces considerados insolubles, y comprendió su alcance desde el punto de vista religioso.

Sus principales obras acerca de esta materia son:

Fundó en París, el 1o de abril de 1858, la primera Sociedad espírita regularmente constituida, a la cual denominó Sociedad Parisiense de Estudios Espíritas, cuya exclusiva finalidad era el estudio de cuanto pudiera contribuir al progreso de la nueva ciencia.

Allan Kardec tuvo la precaución, con absoluto fundamento, de no escribir cosa alguna bajo la influencia de ideas preconcebidas o sistemáticas. Hombre de carácter moderado y tranquilo, observó los hechos y de su observación dedujo las leyes que los rigen. Fue el primero en presentar una teoría y en elaborar a partir de aquellos, un cuerpo de doctrina metódico y regular.

Demostró que los sucesos erróneamente calificados de sobrenaturales se encuentran sometidos a leyes, y los incluyó dentro del orden de los fenómenos de la Naturaleza, aniquilando de tal modo el ámbito de lo maravilloso, uno de los componentes de la superstición.

Data de la aparición de El Libro de los Espíritus, el nacimiento de la Doctrina Espírita. Hasta entonces sólo existían elementos y acontecimientos dispersos, cuyo alcance no todos habían podido captar.

Las pruebas materiales que el Espiritismo presenta sobre la existencia del alma y de la vida futura, tienden a desbaratar las ideas materialistas y panteístas. Uno de los principios más fecundos de tal doctrina, derivado de lo que antecede, es el de la pluralidad de las existencias, vislumbrado con anterioridad por diversos filósofos antiguos y modernos.

De él proviene la explicación de las aparentes anomalías de la vida humana, de las desigualdades intelectuales, morales y sociales, así como facilita al hombre saber de dónde viene, hacia dónde va, para qué finalidad se encuentra en la Tierra, y por qué sufre. Las ideas innatas se justifican por los conocimientos adquiridos en vidas pasadas; las simpatías y las antipatías por la naturaleza de las relaciones anteriores.

El Espiritismo tiene como divisa: Fuera de la Caridad no hay salvación -es decir la igualdad de los hombres ante Dios-, la tolerancia, la libertad de conciencia y la benevolencia mutua.

Sólo es inquebrantable aquella fe que puede mirar frente a frente a la razón, en todas las edades de la Humanidad. La fe requiere una base, y esa base es la comprensión acabada de lo que se debe creer. Para creer no es suficiente ver sino sobre todo comprender.(El Evangelio según el Espiritismo).

Trabajador infatigable, Allan Kardec sucumbió el 31 de marzo de 1869.

4° Congreso Espírita Suramericano 2017

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